RIIN

Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales


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Revista San Gregorio

 

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La Revista San Gregorio, enfocada hacia las ciencias sociales aplicadas, tiene en la vinculación con la comunidad y el debate crítico-reflexivo sus ejes principales. Recoge textos de amplia cobertura relacionados con las humanidades, el arte, la filosofía, la antropología, la sociología, la ciencia política, la economía, la educación, la salud, y diferentes enfoques que tengan un marcado carácter de intervención y acción, basados en investigaciones de ámbito local, regional e internacional. Indexada en Latindex, REDIB, Dialnet, CIRC.

Pueden descargarse todos los textos de la Revista San Gregorio desde la base de datos Open Acces Journal Index (OAJI). De todas las revistas indexadas en Latindex en Ecuador, más de 500, tan sólo 12 aparecen en OAJI, uno de los lugares estimados como óptimos por CEAACES para las publicaciones de los docentes en este país andino.

Asimismo, OAJI establece un índice de impacto, que sitúa a la Revista San Gregorio en segundo lugar de esas 12.

Acceso a OAJI

http://oaji.net/journal-detail.html?number=3757

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Inflexiones. Revista de ciencias sociales y humanidades

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Inflexiones, órgano de la Unidad de Investigación sobre Representaciones Culturales y Sociales (UDIR) de la UNAM, nace con el propósito de ofrecer a humanistas y científicos sociales una plataforma de diálogo y debate multidisciplinario sobre el ser humano y su sociedad, la cultura y su historia, desde perspectivas en que confluyan la reflexión teórica y el trabajo empírico. De publicación semestral, la revista busca convertirse en un foro estratégico para poner a prueba los conceptos rectores de las respectivas disciplinas y difundir los resultados de sus investigaciones. Se trataría, en conformidad con la metáfora que le presta nombre, de favorecer y acoger aquellos ensayos que constituyan un punto de cambio o que den cuenta del momento en que una trayectoria toma otra dirección. Dejar constancia de la pluralidad de enfoques, irreducibles a una matriz única, se encuentra, por lo tanto, entre sus objetivos principales.

Cómo se construyen representaciones que convergen en la emergencia de imaginarios sociales, horizontes en que se inscriben las ideas en torno a la identidad, constituye una de las preguntas que orientan estas páginas. “Representaciones” concentra, en ese sentido, tanto los sistemas de percepción y códigos compartidos que articulan nuestra vida, como aquellas estrategias que permiten traducir la realidad vivida en formas de experiencia, sean éstas de índole política, intelectual, social o cultural. La imagen del horizonte evoca igualmente un paisaje sonoro: pensamos las inflexiones no sólo como puntos en que las curvaturas cambian de dirección, sino también como instantes en que las voces varían. La revista se propone abrir así una serie de ventanas para asomarse, desde distintos ángulos, a las proyecciones y las resonancias que, al representarnos, nos construyen.

Si bien la revista abre sus páginas a las humanidades y las ciencias sociales en general, se invita a los estudiosos en la materia a someter ensayos centrados, en particular, en los siguientes ejes y líneas temáticas:

  1. La “representación” en sus diversas acepciones
  2. Historia intelectual
  3. Patrimonio y archivos
  4. Cultura, identidad e interculturalidad
  5. Estudios territoriales y gestión local
  6. Procesos migratorios

Secciones

Fugas

Artículos sobre temas diversos, relacionados con alguno de los ejes de interés arriba mencionados

Horizonte

Dossier monográfico acerca de un tema en específico

Simultáneas

Reseñas de publicaciones recientes

Anamorfosis

Reportaje gráfico y/o audiovisual

Más información: http://www.udir.humanidades.unam.mx/old/revista.html

 


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Manuel Ferrer Muñoz. Ecuador ¿ya cambió?

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Pareció que diez años de vendaval revolucionario ciudadano traerían a Ecuador la bonanza económica, limarían las hirientes desigualdades sociales y extirparían el cáncer de la corrupción.

Muchos de nosotros, ecuatorianos de nacimiento o de corazón, soñamos con una nueva era liberada del lastre de siglos de oprobio y discriminación.

Sin embargo, el balance de esta década contradice el eslógan de la Revolución Ciudadana que preside tantos espacios públicos de tantas localidades, pequeñas y grandes, de la costa, de la sierra y de la Amazonía: Ecuador no cambió.

Al carro de la Revolución Ciudadana treparon muchos advenedizos, atraídos por las perspectivas de rápido enriquecimiento que brindaba un ciclo económico próspero basado en el monocultivo del petróleo, y por la cercanía al centro del poder que excitó su codicia y les hizo soñar con el hallazgo de un redivivo El Dorado. La corrupción empezó a enseñorearse del país.

Todo cambió, para no cambiar nada. Cambiamos de collar al perro, pero la ciudadanía continuó arrastrando sus enfermedades congénitas, propias de sociedades marcadas por el autoritarismo y el arribismo: entre ellas, las prácticas corruptas. Y el cirujano de hierro, hombre de indiscutibles méritos y valía, pero autoritario como ningún otro de sus inmediatos antecesores en la Presidencia de la República, digno émulo de García Moreno[1] (un parecido que muchos vislumbrábamos en nuestro interior, sin sacarlo a relucir para no ser tachados de blasfemos), carecía del talante necesario para impulsar un cambio en profundidad, que requería una mutación radical de mentalidades, que en nada se beneficiaba de las improvisaciones ni de las estadísticas, y que reclamaba la transparencia y la participación de todos, y no sólo de quienes comulgaban a pie juntillas con las ideas del caudillo.

Cabría mencionar ejemplos emblemáticos de corrupción de la época correísta aireados por la prensa todos los días desde que se perdió el miedo a la libre expresión: ahí están nombres tan familiares ya como Petroecuador, Odebrecht, Carlos Pareja o Carlos Pólit, todos ellos asociados a vergonzosos abusos protagonizados por gentes insaciables de riquezas.

Pero cada uno de nosotros, en su personal y diaria experiencia, se halla en condiciones de aportar evidencias de primera mano. Como botón de muestra podría citarse la imposición a muchos empleados públicos de un cierto nivel, en la provincia de Imbabura, de que destinen una cantidad porcentual que oscila en torno al 20% de sus salarios al financiamiento de Alianza País. Quien diga lo contrario miente, aunque habrá muchos empeñados en negar la realidad: ya se sabe que no hay peor ciego que aquél que no quiere ver, ni peor sordo que el que se tapa los oídos.

Con la llegada de Lenin Moreno a la Presidencia descubrimos que el panorama no era tan halagüeño como lo pintaba la propaganda correísta, y que los casos de abusos y de latrocinio del erario distaban de ser simples fantasmas agitados arteramente por una oposición cainita.

Desvanecido así el fervor patriótico de una Revolución Ciudadana devorada por sus propios hijos, y comprometido el futuro de un socialismo que, apenas iniciado el tercer lustro del siglo XXI, ha perdido todo su fuelle, habrá quien piense en un leninismo del siglo XXI capaz de poner el cascabel al gato. Pero tampoco las individualidades ni la buena voluntad de un gobernante que parece seriamente empeñado en una cruzada contra la farsa y la mentira pueden lograr revertir un estado de cosas que nos llena de vergüenza y de confusión.

Por supuesto, los utópicos, dogmáticos y periclitados marxistas -algunos preferimos llamarles marxianos, como decimos hegelianos a los filósofos formados en el pensamiento de Hegel- que aún vegetan en algunos recintos universitarios ecuatorianos son incapaces de articular un programa que vaya más allá de las condenas de la brutal colonización española y de los nefastos colonialismos y neoliberalismo, de la nostalgia de los tiempos de la bienaventurada y extinta Unión Soviética o del culto a personajes mitificados como el Che Guevara, Fidel Castro, Sandino o Hugo Chávez.

Es hora de sumar fuerzas para combatir la corrupción en todas sus modalidades, en todos los estratos sociales, en todos los grupos de edades: maestros, políticos, legisladores, jueces, contratistas, madres y padres de familia, funcionarios, médicos, periodistas, ingenieros, arquitectos, estudiantes… todos ellos han de asumir su responsabilidad, conscientes de que la corrupción de la clase política es sólo el iceberg de una sociedad gravemente enferma.

[1]         Benjamín Ortiz Brennan acaba de realizar su primera incursión literaria a través de una novela titulada A la sombra del magnolio, que transcurre durante los primeros períodos presidenciales de Gabriel García Moreno y de Rafael Correa.


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Guayasamín, el pintor ecuatoriano que retrató el sufrimiento de los pueblos latinoamericanos

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Tenía una sensibilidad única para captar el sufrimiento de las clases oprimidas,  el sentir de los más pobres, la tristeza que veía en las calles, la sensibilidad de las madres, el amor, la pasión, la vida y la muerte. Su obra refleja las raíces indígenas de los pueblos latinoamericanos, su sentir, sus luchas y sus sueños.

Oswaldo Guayasamín nació para pintar. A los 7 años ya hacía sus primeros trazos y a los 12 ingresó a la Escuela de Bellas Artes donde sorprendió a sus maestros con sus obras en las que reflejaba la vida cotidiana y la crueldad de una sociedad en la que primaba la discriminación y la violencia.

[…]

Guayasamín murió el 10 de marzo de 1999. Su obra hoy reposa en La Capilla del Hombre, un museo inaugurado en su honor en 2002. Allí también descansan sus cenizas en una vasija de barro bajo el denominado “Árbol de la Vida”, un árbol de pino plantado por el mismo artista en la casa donde vivió sus últimos años.

Texto completo en fuente original


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Juan Pedro Cavero Coll. El yihadismo: sus causas, su evolución y su realidad actual

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En este artículo se abordan las principales causas del terrorismo islámico —admitidas o no por quienes lo perpetran— y su evolución en las últimas décadas. Recordemos, de entrada, que no hay razones que justifiquen un acto terrorista y que, en muchos estados del mundo, el terrorismo es actualmente la primera o una de las principales preocupaciones de sus habitantes y gobiernos. En particular suscita gran zozobra el terrorismo islámico, tanto por su alcance global como por ser, desde hace décadas, el más activo de todos.

Numerosos países desarrollados, emergentes y subdesarrollados han padecido la profunda sensación de indefensión que conlleva el terrorismo, por haberlo sufrido en sus propias carnes. Nos encontramos, sin duda, ante una plaga de alcance mundial, pues desde 1970 hasta la actualidad se han perpetrado más de 150 mil atentados terroristas, explotado más de 75 mil bombas y consumado más de 17 mil asesinatos y 9 mil secuestros. Desde 2011, además, el número de atentados ha tenido un crecimiento exponencial.

(cfr. The Global Terrorism Database, Universidad de Maryland, Estados Unidos: https://www.start.umd.edu/gtd/about/)

Al escalofriante balance de víctimas hay que sumar las nefastas consecuencias sociales y económicas del terrorismo, así como su eficacia para generar problemas políticos. Resulta especialmente preocupante además que, en el caso del terrorismo islámico, la mayoría de los terroristas musulmanes —incluimos en este grupo a quienes perpetran las acciones y a los que las respaldan— traten de justificar sus agresiones reivindicando las esencias más puras del islamismo, segunda religión con mayor número de fieles en el mundo. Son, en la actualidad, más de 1.600 millones de creyentes y, según las previsiones, alcanzarán en 2050 los 2.800 millones.

(cfr. Pew Research Center, Washington: http://www.pewforum.org/2015/04/02/religious-projections-2010-2050/)

¿Acaso hay que ser terrorista activo o «pasivo» para ser un auténtico musulmán?

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Stefano Tedeschi y Alessio Surian (editores), Antología del pensamiento social italiano sobre América Latina, Buenos Aires, CLACSO, 2017

clacso
A partir de esa larga tradición migratoria y de una sólida tradición de estudios hispánicos, en la segunda mitad del siglo XX se formó una notable escuela de americanistas en los campos de la historia, del pensamiento social, de la antropología, de los estudios literarios y culturales, que produjo una gran cantidad de estudios cuyo valor ha sido reconocido internacionalmente, y que a partir de los años sesenta no ha dejado de ser un punto de referencia.

En los últimos años, una nueva generación de investigadores ha continuado esta tradición, utilizando las más recientes herramientas de estudio y de investigación y empezando a “contaminar” disciplinas y campos del saber, moviéndose cada vez más hacia modalidades de estudio interdisciplinario, siempre abiertas al diálogo con los investigadores latinoamericanos, con los cuales se han establecido fecundas relaciones de colaboración. Nuestra selección ha privilegiado, entonces, contribuciones de esta generación, y en especial los que apuntan hacia nuevas lecturas de la realidad latinoamericana.

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