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Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales

Clemente Romero Olmedo. El costo de la desconfianza en Latinoamérica

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desconfianza

América Latina tiene fama mundial por la calidez de su gente. Sin embargo, nuestros niveles de confianza se reducen a nuestros familiares y amigos. El autor de estas líneas considera que la reconstrucción de la confianza en las sociedades latinoamericanas es necesaria para pensar en una región menos desigual y más segura.

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Mientras estudiaba mi maestría en la Univeridad de Durham, en Inglaterra, financiada por el Gobierno Británico a través de las bechas Chevening, fui invitado a asesorar a una organización civil en México en temas de control policial. Uno de los requisitos para que me contrataran consistía en que emitiera una factura electrónica para que pudieran pagarme. Para poder hacer esto en México, además de estar registrado ante la autoridad fiscal, es necesario tener una Firma Electrónica Avanzada (cuyo acrónimo irónicamente es FIEL) que consiste en un conjunto de archivos electrónicos que pemiten emitir una factura electrónica. Al tener la FIEL vencida y puesto que la única opción para renovarla fuera de México era ser parte del cuerpo diplomático en México, mis posibilidades de renovarla fueron nulas. Tuve que esperar un par de meses para volver a casa y arreglar este obstáculo administrativo.

En el primer día hábil de mi regreso a México, hice el trámite correspondiente para actualizar mi FIEL, previa cita telefónica. Durante la cita escanearon mi pasaporte, revisaron cuidadosamente que realmente fuera mío (sólo faltó que sacaran la lupa o el microscopio).  Enseguida escanearon las huellas digitales de todos los dedos de mis manos y tomaron una fotografía del iris de mis ojos. Después de dos horas de espera y con tres funcionarios enfrente de mí, pude recibir en mi memoria USB mis archivos electrónicos para reincorporarme plenamente a la vida laboral en mi país y emitir las facturas correspondientes.

Mi Gobierno tiene toda la información biométrica posible de mí… ¡sólo faltó que tomaran una muestra de mi ADN! pensé. -¿Para qué todo esto? Pregunté con cierto hastío a los funcionarios. Simplemente espetaron con forzada cortesía: son las reglas señor, es nuestro trabajo, vea el lado amable, ya con esto no necesitará firmar documentos en papel ante cualquier dependencia del gobierno… federal, porque los estatales y municipales no están obligados.  Bravo, México, pensé. Todo este trámite es el precio de la desconfianza en mi país. Ni hablar, así es la vida aquí, concluí para mí. Pareciera que mi país es campeón para firmar tratados de comercio internacional en los cinco continentes, pero nuestras instituciones sólo creen en la movilidad de mercancías y no de personas para trabajar en el exterior y facilitar el pago de impuestos en su país.

La globalización de la economía mexicana, con la décima divisa más líquida en el mundo, pareciera sólo real respecto a la comercialización de bienes, porque la prestación de servicios es otro cantar. Los servicios que sus nacionales brinden en el extranjero, esos que esperen, porque sólo los diplomáticos pueden regularizar su situación fiscal. Lamentable.

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