RIIN

Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales

García Caputi, Mariella. La memoria para qué

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Reproducimos esta publicación de la más antigua de los miembros de la RIIN, cuya Hoja de Vida actualizada hemos difundido recientemente.

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García Caputi, Mariella, “La memoria para qué”, en José Carlos Arias (Ed.), Loja HistóricaMemorias del Congreso Internacional de Historia y Crónicas del Archivo Histórico de Loja, Loja, Municipio de Loja, 2016

Palabras claves: Memoria, cultura, identidad, Archivos Históricos, Museos, bienes culturales.

En el presente artículo planteo un ejercicio de reflexión sobre la MEMORIA, nuestra cultura e identidades que vamos forjando en el devenir social; aquello que asumimos los ecuatorianos a través de los estudios de la gran Historia que se nutre de los documentos, de la oralidad de nuestros mayores y de esa gran cultura material que nos han legado nuestros ancestros. Todo esto nos sirve de pivote para reconstrucciones y ejercicios sociales actuales en función de la recuperación de nuestro pasado, de ahí las actividades y propuestas que se dan en los repositorios de espacios culturales, como los museos y archivos históricos: conservación, desarrollo, investigación y difusión. Arrancar desde nuestra historia prehispánica nos permite entender la amalgama de objetos y elementos de los que se nutre nuestra sociedad pluricultural.

Hoy en día se plantea una modernización en los procesamientos de la información para el conocimiento que atesoran estas instituciones, para lo cual es necesario profundizar en verdaderas catalogaciones que inserten descripciones un poco más ampliadas, como referencias contextuales y bibliográficas de los documentos y bienes culturales; además es importante incursionar en otras maneras de difusión de la cultura material estudiada, articulando facilidades tecnológicas que nos ofrece la era digital a través de portales que difunden masivamente los conocimientos culturales investigados.

La memoria, base de nuestro quehacer histórico, archivístico y museístico, tanto a nivel individual como colectivo, cognitivo y social, “puede ser definida apretadamente como la capacidad de conservar y actualizar informaciones pasadas” (González Aranda, 2003:67), que trasmitimos a través del lenguaje, visual, escrito o hablado, objeto de la acción comunicativa. “A la memoria, a veces, se la concibe como un peso del cual hay que librarse, otras, como un repertorio que hay que reinventar constantemente (E. Hobsbawm) para responder a las cambiantes condiciones del mundo en que vivimos” (Ibid).

Por ello, en este espacio digital donde se nutren especialistas para interpretar hechos acaecidos a través del tiempo, es importante reflexionar sobre el significado y función social de la MEMORIA, para qué nos sirve, porqué necesitamos anclarnos en ella para encontrar nuestro eje en la sociedad? Y si esto es así, vale la pena reflexionar sobre la gestión que deben priorizar instituciones encargadas de guardarla y desarrollarla: conservar la cultura material, fuente de nuestra memoria en tanto en cuanto podamos describirla e interpretarla para el conocimiento de las comunidades a quienes servimos.

Según el Diccionario de la Real Academia, la Memoria es la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. Es una función del cerebro que depende de sus conexiones sinápticas que crean redes neuronales, sin las cuales no podríamos subsistir. A través de la Memoria codificamos, almacenamos y recuperamos información del pasado.

De igual manera las sociedades en su proceso de complejización necesitan guardar algún tipo de Memoria Oral o Escrita que cohesione a sus integrantes para su crecimiento como grupo social donde todos encuentren su ‘buen vivir’ de manera individual y colectiva. “El conocimiento, el cual enriquece la memoria, se convierte en vínculo entre tiempos y espacios, entre pasado, presente y futuro (Gómez Ayala, 2003:18)

Saber un origen común da origen a una identidad cultural del grupo social, esto va ligado a su historia y patrimonio cultural. “La identidad cultural no existe sin la memoria, sin la capacidad de reconocer el pasado, sin elementos simbólicos o referentes que le son propios y que ayudan a construir el futuro” (Molano, 2007: 74)

Al Patrimonio también lo podemos definir como el legado que recibimos del pasado, es “nuestro equipaje en el presente y la herencia que les dejaremos a las futuras generaciones para que ellas puedan aprender, maravillarse y disfrutar de él” (Ferrer, 2003:24)

Los museos custodian fondos arqueológicos y artísticos y, al igual que los archivos históricos, custodian y conservan la documentación de sus repositorios culturales para desarrollar bases de datos adecuadas a cada fondo e interpretarlos de acuerdo a sus distintos contextos. Los procesos permanentes de estos estudios nos hablan de sociedades pretéritas y modernas, sujetas a cambios en su modo de vida que se hacen más evidentes en las más recientes, como aquellos dentro de lo jurídico y administrativo que se revierten en la memoria colectiva de una nación, región o localidad. La finalidad de estos espacios es atesorar, salvaguardar y difundir el patrimonio documental histórico, artístico y arqueológico, de acuerdo a su misión institucional.

Las transformaciones de la nueva sociedad obligan a un desarrollo integral y armónico de los archivos y museos para poner a disposición de los investigadores y estudiantes un valioso acervo documental sobre la cultura material que se custodia. Para ello es importante implementar sistemas de ordenamiento y búsquedas que se dan a través del desarrollo de la documentación de los repositorios. La Archivística es una ciencia emergente cuyo objeto son los documentos y los archivos, cuya finalidad es almacenar información y hacerla recuperable para su uso, y cuyo método se articula en torno a las normas archivísticas” (Cruz Mundet, 2012: 77)

La Historia como ciencia social apunta al estudio del pasado a través del método de ciencias sociales, recuperando datos de la tradición oral y la cultura material a través de investigaciones puntuales, además de aquellos rastros de la actividad humana que tradicionalmente han pervivido en documentos, sin pasar por alto aquellas pequeñas historias que se fueron tejiendo alrededor del mismo antes de caer en el repositorio, pues justamente esas anécdotas registradas son las que a veces ligan al objeto o documento mismo con su pasado sustraído y con el presente en su apropiación como bien patrimonial representativo de una comunidad (González Aranda 2003: 67). En este sentido los museos y archivos “no son depositarios pasivos de objetos y documentos sino el presente del pasado” (Piñeros Corpas, 2003: 68). Éstos son los custodios donde técnicamente se trata de conservar la cultura material de sociedades pasadas, así como desarrollar su información documental, conformando bases de datos a ser procesadas por medio de un ordenamiento que facilite búsquedas que hoy se facilitan a través de programas digitales.

Hoy por hoy, el objetivo de una coordinación de la investigación de los fondos culturales es el poner en valor y difundir los conocimientos que guardan acervos arqueológicos, artísticos y documentales que se custodian. Para ello es importante ampliar y sistematizar mejor la información a través de una ficha universal adaptada a cada fondo, que nos permita profundizar en el conocimiento de los documentos en sí mismos y en sus contextos históricos pasados y presentes, tomando en cuenta:

  • La identificación del bien cultural: número de inventario, nombre, tipo de material, autor / cultura, medidas.
  • Su descripción, análisis y características tecnológicas
  • Datos de investigación temática del bien cultural.
  • Análisis descriptivos e interpretaciones históricas de acuerdo a contextos sociales dentro del espacio-tiempo-cultura.
  • Relatos bibliográficos y otros documentos relacionados.
  • Exhibiciones, charlas o conferencias y publicaciones donde se ha incluido al bien documental en mención; con movimientos de difusión que deben enriquecer la ficha.
  • Los procesos técnicos de conservación
  • Ubicación y movimiento de los elementos culturales, incluyendo a las personas responsables de los mismos. Fechas incluidas.

Todo este accionar contribuye a concretar la sociedad del conocimiento “concepto adoptado por la UNESCO para referir el intercambio de información global basado en las tecnologías de información y comunicación” (Gutiérrez, 2010: 35). Actualmente se impone una gestión acorde con la democratización de la cultura a través de la gestión del conocimiento como “conjunto de todas las actividades que se realizan con el fin de utilizar, poner en valor y difundir los conocimientos de una organización o institución y de los individuos que en ella trabajan, para alcanzar la mejora en sus objetivos” (Ibid). Solo de esta manera podemos ir hacia la construcción de una sociedad del ensueño, donde el desarrollo de estas instituciones no sea como las de un mausoleo impregnado en el tiempo sino que la difusión de sus acervos “transmita emociones, informaciones y que convierta a los visitantes en participantes de una nueva aventura vital e intelectual” (Moreno 2005: 98, en Gutiérrez U. 2010:55).

Esta construcción de la MEMORIA nos permite retener experiencias pasadas y reconstruirlas dentro de espacios culturales como Archivos Históricos y Museos. A través de su gestión nos impregnamos, reflexionamos y recuperamos para nuestra experiencia vital la propia cultura. Entendiendo por CULTURA “lo que da vida al ser humano: sus tradiciones, costumbres, fiestas, conocimiento, creencias, moral” (Molano 2007: 72), con dimensiones y funciones sociales que genera, como:

  1. un modo de vivir,
  2. cohesión social,
  3. creación de riqueza y empleo,
  4. equilibrio territorial.

 

“La cultura es algo vivo, compuesta tanto por elementos heredados del pasado como por influencias exteriores adoptadas y novedades inventadas localmente” (Verhelst, 1994:42, en Molano 2007: 72); por eso es forjadora de identidades, como algo que resulta en que “las personas o grupos de personas se reconocen históricamente en su propio entorno físico y social y es ese constante reconocimiento el que le da carácter activo a la identidad cultural” (Ibid: 74). El Patrimonio Cultural, entonces, es el conjunto de bienes y valores éticos, estéticos y gnoseológicos que evidencian el desarrollo de sociedades sobre un territorio determinado; alimenta siempre en el ser humano una sensación reconfortante de continuidad en el tiempo y de identificación con una determinada tradición.

Los bienes patrimoniales adquieren entonces una singularidad que va más allá de su existencia anterior, al pasar a ser objetos o documentos culturales contenidos en repositorios de museos y archivos no importa su valor intrínseco; por ello el manejar una colección implica una serie de acciones que van desde el diseño de políticas culturales, hasta procesos de control, documentación técnica, preservación e investigación. Dentro de esos espacios los objetos patrimoniales pasan a ser percibidos como instancias de reflexión de la memoria y pivote de la creatividad.

Archivos y museos contribuyen al cambio social reforzando aprendizajes; visibilizando la diversidad cultural combaten la discriminación y la intolerancia. Estos escenarios reducen la criminalidad, fomentan el desarrollo rural, la regeneración económica y cultural (Gutiérrez U. 2010: 28). La MEMORIA es un poder capaz de producir un desarrollo sostenible, de revalorizar contenidos simbólicos de la cultura, con toda su pluralidad y diversidad (Ibid: 31); por ello los espacios encargados de conservarla, desarrollarla e investigarla deben estar enfocados en esta premisa.

La red de espacios culturales de la Dirección Cultural Guayaquil, del Ministerio de Cultura y Patrimonio, con sus museos y el Archivo Histórico del Guayas ha venido implementando, a través de la Coordinación de Investigación de sus fondos, una modernización de su gestión documental conciente de su compromiso no solo con el patrimonio, sino también ante la historia y la memoria, planificando un sistema de información en dos vertientes de la democratización de la cultura: en cuanto a la profundización de la información misma con catálogos más amplios, y con la implementación de nuevas tecnologías digitales que permiten masificar la información, y conservar mejor el patrimonio documental que custodia (www.museos.gob.ec).

“Reconstruir nuestra historia es imprescindible para los ecuatorianos. No como cualquier historia, sino conscientes de que es la nuestra: no en un simple compromiso teórico, sino que científicamente rescatamos para nuestro tiempo aquello que ha quedado escondido dentro de estos 500 años” (Lumbreras, 1992); nuestra historia reciente se explica dentro del marco de nuestro mestizaje cultural. Apoyar esa premisa es tarea de instituciones museísticas y archivísticas: conservando, desarrollando, investigando y difundiento de manera tradicional, lúdica y atractiva los acervos documentales que custodian.

Bibliografía:

Barroso Horta, Lourdes y María Magdalena Delgado Arco. Archivo Histórico Provincial de Villa Clara. 2012 (www.archivohistorico.villaclara.cu)

Cruz Mundet, José Ramón. Archivística,Gestión de documentos y administración de Archivos. Alianza Editorial. Madrid 2012.

 

Ferrer Rojas, María Claudia. “Formación en favor del Patrimonio”, en Acercamiento a la valoración y protección del Patrimonio Cultural mueble. Ministerio de Cultura, 2003.

Gómez Ayala, María Isabel. “Campaña Nacional contra el tráfico ilícito de Bienes Culturales”, en Acercamiento a la valoración y protección del patrimonio cultural mueble, pp. 24-27. Ministerio de Cultura,Colombia, 2003,

González Aranda, Lucila. “LA MEMORIA DE LA MEMORIA “Identidad y Modernidad”, en Acercamiento a la valoración y protección del patrimonio cultural mueble, pp. 67-70. Cursos 2000-2002. Ministerio de Cultura Colombia, 2003.

Gutiérrez U., Andrés. “Museología y documentación, Criterios para la definición de un proyecto de documentación en museos” Ediciones TREA, S.L. España. 2010.

Lumbreras, Luis Guillermo, en Prehistoria Sudamericana: Nuevas Perspectivas, Betty Meggers, ed. 1992

Molano L., Olga Lucía. “Identidad cultural un concepto que evoluciona” Revista Opera, núm. 7, mayo, 2007, pp. 69-84. Universidad Externado de Colombia. 2007.

Moreno, Isidro. “Las musas interactivas”, Patrimonio Cultural y Tecnologías de la Información y la Comunicación, A la búsqueda de nuevas fronteras, pp.97-114, Carreras (ed.), Cartagena: Ayuntamiento. 2005.

Piñeros Corpas, Joaquín. “Apuntes para la historia del Patrimonio Cultural”, en Acercamiento a la valoración y protección del patrimonio cultural mueble, pp. 23-26. Ministerio de Cultura Colombia, 2003.

Sánchez Gómez, Gonzalo. “Memoria y Nación” Ministerio de Cultura. Bogotá, 2000. p.21, en Lucila González Aranda “LA MEMORIA DE LA MEMORIA “Identidad y Modernidad”, en Acercamiento a la valoración y protección del patrimonio cultural mueble,pp. 67-70. Ministerio de Cultura Colombia, 2003.

Verhelst, Thierry.“The Social Dimensions of Culture” Source: LEADER Magazine nr.8 – Winter, 1994. En ec.europa.eu Culture and Rural Development, Rural Library. Mayo 2015.

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