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Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales

Los refugiados en el punto de mira

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paris

Acababa de desembarcar esa misma mañana en Europa con sus mujer y sus dos hijos. Después de comer y dormir algo en un hotel de la capital de la isla de Kos, Ahmed se puso en la cola, la del registro de Frontex que permite, dos o tres días después, conseguir un permiso para seguir el viaje. Huellas dactilares, fotos, documentos…

Había pagado 2.500 euros por por cada uno de sus familiares a la mafia por 10 kilómetros de navegación. Para él, merecía la pena pagar el precio. “Puedo morir en la embarcación, pero si me quedaba en Irak mi muerte era segura. El Estado Islámico ha puesto precio a mi cabeza por haber sido intérprete de los estadounidenses”. Ahmed estaba muy feliz con el viaje que emprendía, pero la aparición de un pasaporte sirio entre los atacantes de París (uno entre 669.032 que han cruzado este año el Egeo) le va a complicar su sueño de seguridad. Esa anécdota los va a convertir en víctimas dos veces. Una por huir, la otra por el posible rechazo de una parte de la sociedad que ya aprovecha la circunstancia para pedir el cierre de fronteras. Los grupos de ultraderecha queman tiendas en Calais, Marine Le Pen reclama el control de todos los bordes de la Unión Europea y Polonia y Eslovaquia usan este argumento para rechazar las cuotas de refugiados que les correspondían. El sueño europeo se complica.

Lo curioso es que, para Ahmed y para muchos de ellos, la sombra del Estado Islámico no es cosa del pasado. Ahora están atentando en Europa, el lugar en el que pretendía librarse de ellos y, al menos uno, ha llegado en las mismas embarcaciones que ellos a las islas griegas.

La pasada semana, el director adjunto de Frontex, el español Gil Arias, afirmaba a este periódico sobre esta posibilidad: “No hay razones ni indicios para pensar que los yihadistas puedan estar llegando a Europa camuflados entre los inmigrantes. La experiencia nos dicen que los terroristas tienen otros medios para entrar en Europa sin necesidad de poner su misión, e incluso su vida, en riesgo o en manos de los traficantes de personas. El personal coordinado por la agencia que realiza las tareas de identificación y las entrevistas con los inmigrantes tiene las instrucciones oportunas para indagar cualquier indicio que apunte a esa posibilidad por remota que sea”.

De forma muy parecida se expresaba en este periódico, hace unos días, Volker Türk, asistente del Alto Comisionado de ACNUR: “Los refugiados son refugiados. Y además huyen de los terroristas. Si algún yihadista quiere entrar pidiendo asilo será sometido a un control estricto, como se hace con todos los demás. El asilo de personas refugiadas puede y debe ser compatible con la seguridad”. Estas declaraciones, con la masacre de este pasado sábado en París, han quedado superadas. Por desgracia para Ahmed, que pretendía librarle de la persecución del Estado Islámico, el viaje no será tan plácido como él pensaba.

Muchos de los refugiados ya han llegado a Alemania, Noruega, Austria, Suecia… Otros muchos, cerca de 150.000, siguen en tránsito, sufriendo frío y privaciones, entre las islas griegas y su destino final, en cada una de las siete u ocho fronteras europeas que tienen por delante, muchos hacinados durante días esperando el siguiente sello. Y un número indeterminado, probablemente decenas de miles, siguen saliendo de Siria o Irak camino de la costa turca para embarcarse a Europa.

Fuente original: El Mundo, 15 de noviembre de 2015

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