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Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales

Manuel Ferrer Muñoz. ¿Salvaguardias identitarias?

5 comentarios

arancel

En verdad, la apasionada defensa de las salvaguardias arancelarias en el Ecuador que lleva a cabo Juan Carlos Morales en la última entrada de este blog me deja perplejo. Porque eso de apostar por la calidad de los productos ecuatorianos me parece una bonita y noble aspiración, pero tal vez connote una negación del ‘hoy-aquí’ y una fuga hacia la búsqueda de explicaciones convencionales a partir de neocolonialismos e inventos de este jaez que, aun fundados en una base histórica que nadie refuta, insisten en rastrear las claves de las miserias del presente en un pasado que quedó ya muy atrás.

¿En qué cabeza cabe que a los alemanes o a los italianos de la segunda década del siglo XXI se les ocurriera atribuir los problemas que hoy viven unos y otros al estado de cosas que precedió a sus independencias nacionales, muy avanzado ya el siglo XIX, cuando para entonces el Ecuador, segregado ya de la Gran Colombia, se hallaba próximo a incoar su cuarta década de vida nacional independiente?

Remedando a mi admirado William Ospina, me pregunto “¿cómo se sostiene una sociedad en la que todos saben que prácticamente nada funciona?”[1]. Desde el sacacorchos de fabricación nacional que se rompe el día de su estreno, pasando por la jarra de metal, de hermosa factura y calidad lamentable, que, pese a la utilización de los más eficaces productos de limpieza, desprende una ‘babilla’ que desaconseja su uso como continente de jugos y la relega a la condición de florero improvisado. O el plato de plástico para uso infantil con la imagen de un superhéroe que, a los dos meses de uso, emprende un proceso de deterioro que acaba arruinando la figura que lo realzaba a la condición privilegiada de ‘vajilla de lujo’, comprometiendo la salud del chiquillo que se encaprichó con los falsos oropeles de una pieza digna de figurar en un basurero.

¿Por qué no recordar la leche, científicamente embolsada en una funda de material plástico que, nada más abrirse, resulta repugnante al paladar, porque está cortada y agria? ¿O el carrito para la compra, de impoluta fabricación nacional, cuyas cuatro ruedas se resisten a girar cuando apenas transcurren unos meses desde que inició su vida útil tras su adquisición en unos grandes almacenes? ¿O el paraguas cuyas varillas deciden vivir por libre y zafarse de programaciones inducidas desde un botón, después de una veintena de usos?

¿Qué decir de los frecuentísimos cortes en los servicios de luz y de agua que padecemos tantos habitantes de tantas ciudades de tantas regiones del país? ¿Cómo seguir el juego al Gobierno que fuerza de modo compulsivo la compra de cocinas de inducción eléctrica, cuando es raro el mes en que los cortes de energía hayan dejado de producirse en tres o cuatro ocasiones, con una duración total de casi diez horas en sólo treinta días?

¿Podremos enorgullecernos de unos servicios públicos de transporte que enlazan unas y otras ciudades del país en unas condiciones de auténtica precariedad?: sin baños ni aire acondicionado, sin higiene, con vendedores ambulantes, sin la menor consideración al pasajero, abarrotados, con viajeros que deben aguantar horas en pie en el pasillo, sin acceso a un asiento.

Si Ospina podía decir de la Colombia de fines del pasado siglo que “el espectáculo que brindaría a un hipotético observador bienintencionado y sensato sería divertido si no fuera por el charco de sangre en que reposa”, el presente ecuatoriano no deja de ser pintoresco y simpático –previa identificación de lo chapucero con lo gracioso y placentero-, si no fuera por el dramático partidismo excluyente de la vida política, que no descarta prácticas como el espionaje, y las amenazas de un futuro que la caída del precio del petróleo impide imaginar de color de rosa.

[1] Ospina, W. (1997). ¿Dónde está la franja amarilla? Bogotá: Grupo Editorial Norma, p. 14.

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5 pensamientos en “Manuel Ferrer Muñoz. ¿Salvaguardias identitarias?

  1. Hay que ser demasiado audaz?? (suena bien o demasiado leve) para atreverse a comentar sobre un país donde no se vive. Cortes de “luz” (quizás quiso escribir energía eléctrica??) cada dos por tres?? transporte interprovincial sin aire acondicionado, sin baño? Este individuo está perdido en la ignorancia que le ha causado el estar ausente. Seguramente habrá muchos bobalicones, que quieren pasar por gente instruida y visionaria, sin serlo, que gozará reproduciendo este pasquín, pero lo recomendable es que ferrer se encierre en un barril y se tiré corriente abajo para que desfogue su afán de causar daño a un país que marcha por la ruta del progreso, con aciertos y fallas si, pero lo que menos se necesita es amargados que con sus comentarios destructivos pretendan crear obstáculos al avance. Qué propone ferrer en su “sesudo” artículo?? NADA…evidencia suficiente de sus limitaciones!!

    • No puedo dejar de sonreír ante sus imputaciones. ¿De dónde sacará usted que no vivo en el país? En el barrio de la Victoria, en el cantón de Ibarra, tiene usted su casa y está cordialmente invitado a visitarme.

      El resto de lo que escribe no es sino una vulgar sarta de insultos y de descalificaciones desprovistas de argumentos, propias más de un energúmeno que de un ciudadano.

      Permítame que le diga que no seguiré su consejo de encerrarme en un barril y tirarme corriente abajo: porque las aguas del río que cruza Ibarra están contaminadas en exceso.

      Abra los ojos, amigo, y esfuércese por mejorar su entorno en lo que está de su mano.

      Deje de insultar, respete la opinión ajena y no califique de bobalicones a quienes expresan puntos de vista que usted no comparte.

  2. sr. Ferrer como se nota que ud no conoce nuestra patria , ud piensa en un Ecuador de hace treinta o cuarenta años…cuales cortes de energía , cual leche podrida,…cuales unidades de transporte sin baños…..??..la manera como ud pretende desacreditar al país se sale de todo contexto real, y se basa seguramente en alguna de sus pesadillas en alguna noche de insomnio en no sabia que hacer ni que decir para dejar mal al presidente Correa y su gobierno, el país se ha desarrollado como nunca en la historia, nos hemos modernizado en todas las áreas, tenemos ocho hidroeléctricas en proceso , un metro en la capital y el tranvía en Cuenca, la inversión publica ha reactivado la economía permitiéndonos un crecimiento sin precedentes, cifras de CEPAL, no mías…que fácil es carecer de objetividad cuando lo que se escribe esta cargado de tintes políticos ……un análisis como el suyo es indignante y atrevido por decir lo menos y refleja la falta de valores de respeto para un país que crece día a día y del cual millones nos sentimos orgullosos …..le pido muy comedidamente que constate . contraste y no cometa el desatino porque al que deja mal no es a nuestro maravilloso país sino a ud mismo….

    • Mi querido amigo:

      Insinúa que me propongo desacreditar al país, que carezco de “valores de respeto”, que cometo desatinos, bla, bla.

      Difícilmente podría pensar en un Ecuador de hace treinta o cuarenta años, como usted supone de modo un tanto atrevido, por la sencilla razón de que no conocí. ese país.

      Me refiero al Ecuador de hoy. en el que vivo hace dos años, donde ha nacido uno de mis hijos y donde soy feliz, a pesar de los inconvenientes que reproduzco en mi artículo y de la intolerancia de personas como usted, faltas de capacidad de autocrítica, empeñadas en negar la realidad.

      Sepa que no padezco de insomnio, y que aprecio y admiro al presidente Correa. Y es que enunciar los éxitos del Gobierno ecuatoriano -indudables- no es argumento para contradecir la realidad de que muchos productos de la industria nacional son de escasa calidad.

      Si usted cierra los ojos a la realidad, o mira hacia otro lado cuando se evidencian chapuzas ante sus ojos, no presta ningún servicio al Ecuador. Es, sencillamente, un mal patriota.

      Tal vez sea usted un privilegiado, si viaja en autobuses con servicio de baño: ninguno de los que circulan por Imbabura lo tiene.

      Le envidio si no padece los cortes de luz: porque en Imbabura estos cortes (y los cortes de agua) se producen de modo periódico. De veras, mi querido amigo, es usted un afortunado, o vive en una burbuja ideológica.

      Por cierto, no deje de avisarme cuando entre el funcionamiento el metro en Quito.

  3. Leí lo que escribiste sobre las salvaguardias identitarias. ¡Cuánta razón tienes!
    Desde que leí un libro de Amin Maalouf : “Identidades asesinas” que venía a explicar y demostrar lo que yo siempre había sentido y creido sobre lo malo, malísimo que es para el ser humano ser exclusivamente de su pueblo, de su Iglesia, de su campanario, de sus productos, etc.
    Siempre supe que yo era belga pero siempre me sentí de cualquier sitio donde estuviera, he sido inglesa, vasca, madrileña, canaria … pero de ningún sitio tan profundamente como para no serlo de otro al mismo tiempo. Porque además todos tenemos sangre mezclada, muy mezclada y no digamos en cuanto a influencias, tradiciones y costumbres. Lo mismo me ocurre con las opciones políticas o religiosas porque todas pueden ser igualmente favorables al desarrollo personal como malignas para uno mismo o para otros.

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