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Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales

Silvia M. Romano. La guerra psicológica como guerra permanente: Estados Unidos en América Latina

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La guerra psicológica conjuga aspectos políticos, económicos, culturales y militares con el objetivo de garantizar la reproducción de la idea-realidad de que este sistema es el único posible, el más justo y el más adecuado para promover la libertad. Una vez instalada la idea es difícil desarticularla por más que la realidad no se ajuste a ese presupuesto. A continuación, algunos ejemplos y sus principales operadores.

En la actualidad suele ser un tema recurrente el “poder de los medios de comunicación”, pues instalan temas de debate, ideas sobre lo “bueno y lo malo”, definen elecciones presidenciales e imponen determinados consumos. Sin embargo, se habla muy poco de guerra psicológica. A continuación, exponemos un breve repaso histórico fundamental para comprender cómo y para qué se siguen aplicando, hoy por hoy, estrategias de guerra psicológica, que parecen dar continuidad a la Guerra Fría en la región.

En general, se entiende a la guerra psicológica como propaganda y engaño a través de los medios de comunicación. Sin embargo, se trata de algo mucho más amplio. Considerando las prácticas implementadas desde su institucionalización (inicios de la Guerra Fría) hasta la actualidad, entendemos que incluye y combina estrategias de asistencia para el desarrollo (presión y extorsión económica), el manejo de (des)información (propaganda, programas culturales y de educación, intercambio estudiantil, formación de líderes) y de seguridad (intervención militar, en general de baja intensidad). Resumiendo, se trata de una guerra que conjuga aspectos políticos, económicos, culturales y militares. Con el impulso de la Guerra Fría, el gobierno estadounidense habilitó la implementación de operativos encubiertos en tiempos de paz, siendo las operaciones psicológicas uno de sus pi- lares. Así, con la Ley de Seguridad Nacional de 1947, se crearon una serie de instituciones que legalizan un Estado de Seguridad Nacional y de secreto (en pos de la seguridad pública) en el que las operaciones psicológicas encarnaron la articulación entre objetivos de seguridad, el expansionismo económico de las transnacionales y la creación de espacios académicos, teorías y publicaciones que explicaban/justificaban el enfrentamiento a la “amenaza soviética”. La teoría de la modernización, el realismo en las relaciones internacionales y las diversas teorías de comunicación funcionalista-sistémicas son parte de este entramado. El objetivo del gobierno y parte del sector privado estadounidense era garantizar el flujo de recursos, materias primas y acceso a mercados en el exterior, para expandir y garantizar el “modo de vida americano”. La guerra psicológica debía orientarse a “conquistar los corazones y las mentes” a favor de dicho modo de vida.

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