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Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales

Borrador de Guía sobre Plurinacionalidad y Buen Vivir, con propuestas y recomendaciones acerca de las bases que deben sustentar la gestión de un Estado plurinacional

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objetivo 5

 

Esta guía, con propuestas y recomendaciones acerca de las bases que deben sustentar la gestión de un Estado plurinacional, se presentará al Presidente del Gobierno del Ecuador, con la sugerencia de que se presente en UNASUR un documento que recoja las ideas que aquí se contienen.

El objetivo de la inclusión de este documento en el blog de la Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales es recabar observaciones, sugerencias y comentarios críticos de colegas que deseen contribuir a mejorar el texto.

Por tales razones serán bienvenidas todas sus reflexiones, que pueden incorporar como comentarios a esta entrada, o trasladarlas a la siguiente dirección de e-mail: ferrermuma@gmail.com

 

________________________________

 

 

Condicionamientos históricos y encuadre teórico

 

El Estado del Ecuador se halla integrado por una diversidad de pueblos de raíces milenarias y de grupos sociales claramente diferenciados –también montubios y afrodescendientes-, que mutuamente realizan préstamos culturales e impulsan un proceso evolutivo de múltiples verdades, muy distante del tradicional concepto de mestizaje nacional que pretendía unificar su diversidad. Instaurar el ‘buen vivir’ o sumak kawsay en ese contexto intercultural debe ser algo más que una consigna: en la aspiración expresada por Enrique Ayala, ha de constituir “un camino alternativo para nuestras sociedades”[1], que marque diferencias con el ‘vivir mejor’, que, en el sentir de David Choquehuanca, “supone la explotación del ser humano por su semejante, la expoliación de la naturaleza, la competencia profunda, la concentración de las riquezas, el egoísmo, una falta de interés por el otro, el individualismo”[2].

Ese ideal de ‘buen vivir’ –de ‘vida buena’, ‘vida en plenitud’-, que constituye un concepto en continuo desenvolvimiento[3], “históricamente construido y […] en constante resignificación”[4], reclama la puesta en ejecución de dos valores: el desarrollo y el ejercicio de las propias capacidades, y la participación en la orientación de la acción y de sus condiciones. Ambos valores, sostiene Iris Marion Young, se contraponen a “dos condiciones sociales que definen la injusticia: la opresión en tanto que constreñimiento del propio desarrollo ejercido por las instituciones, y la dominación, como restricción institucional sobre la autodeterminación”[5].

Todo lo anterior confiere al Ecuador, cuya identidad nacional va enriqueciéndose con la dinámica de nuevas y sucesivas aportaciones, la peculiaridad de ser una nación ambivalente, “donde la aparente fijeza de la nación oficial se ve constantemente socavada por la expresión de propuestas alternativas de nación”[6].

El reconocimiento de las diferencias y de esas “propuestas alternativas de nación” no implica, por supuesto, como de modo lúcido argumenta Segundo E. Moreno, proponer memorias históricas superpuestas –una, manifiesta, correspondiente a la sociedad nacional, y otra, oculta, basada en las ‘incontaminadas’ tradiciones andinas[7]-, sino que compromete a rescatar tramos del pasado deliberadamente silenciados; a profundizar en realidades culturales híbridas, y a sugerir actuaciones que se enclaven en la contemporaneidad postmoderna, reaccionen ante la apabullante maquinaria cientifista, y apunten a la construcción de una sociedad ecuatoriana más igualitaria y justa, incardinada en el siglo XXI[8].

La diversidad del patrimonio cultural e histórico ecuatoriano es parangonable a la que enriquece la tradición de países vecinos que también poseen raíces indígenas milenarias y, al mismo tiempo, se hallan en la órbita del orden mental europeo, del que proceden conceptos tan valiosos como democracia o derechos del hombre. De ahí la enorme importancia de una inteligente y equilibrada compaginación de unas y otras fuentes identitarias, que rehúya el peligro de “una concepción maniquea que diaboliza a Occidente y envuelve a los pueblos indígenas en un aura mesiánica”[9]; y que supere el escollo “de un solo modelo, de una sola verdad, de una sola estética […]. Lo que requerimos es comprender que una cosa es ser hijos de Europa y otra confundirnos con ella, cuando pertenecemos a un territorio tan distinto, cuando les debemos respeto profundo a los viejos padres que poblaron este territorio por siglos y de los cuales también descendemos”[10].

En el camino hacia la constitución de un proyecto nacional se registran avances y retrocesos, sin que pueda menospreciarse la riqueza de una identidad indígena que, aunque homogénea en sus aspectos esenciales, encierra rasgos diversos y complementarios y reclama la adopción de posturas críticas que faciliten una discusión constructiva, que no puede sino beneficiar a los pueblos originarios. De ahí el interés de propuestas como las de Armando Muyolema, que “advierten contra el error en el que han podido caer algunos de los discursos abanderados por el movimiento indígena, discursos que vehiculan una visión esencialista, idealista de la comunidad y de las culturas indígenas”[11].

Precisamente por la necesidad urgente de acometer estudios históricos sobre las poblaciones indígenas ecuatorianas que no se vean lastrados por esas posiciones esencialistas y triviales, resulta poco menos que incomprensible que todavía en el período 2006-2008 no hubiera ningún representante del Ecuador en el Consejo Directivo del Fondo Indígena que auspició la edición del Módulo de historia y cosmovisión indígena, una guía de aprendizaje colectivo para organizaciones y comunidades[12].

A los enfoques esencialistas de la identidad se contraponen las propuestas constructivistas y relacionales, superadoras de estereotipos enaltecedores –un glorioso pasado prehispánico andino instalado en un universo mítico- o denigratorios, hipotecados por el lastre de las interpretaciones de los primeros cronistas.

Esos planteamientos dinámicos, no anquilosados en miradas nostálgicas hacia mitos originarios o edades de oro o de barro pretéritas, que facilitan la gestión de la plurinacionalidad y del pluriculturalismo, han sido asumidos por la ‘Revolución Ciudadana’ impulsada desde principios de 2007 por el Gobierno del presidente ecuatoriano Rafael Correa con el audaz propósito de implantar el ‘socialismo del siglo XXI’ y refundar el Estado.

En esa apuesta, que se propone una transformación en profundidad del Ecuador, la ciudadanía deja de ser considerada desde una perspectiva liberal, y pasa a ser vista como “la ciudadanía de los pueblos originarios y sus organizaciones ancestrales. Son nacionalidades, identidades que se juntan a un proyecto nacional, que es el proyecto de su país, pero con sus reglas de pertenencia, con sus formas ancestrales, con su derecho, con sus autonomías que de ninguna manera hacen peligrar la nación sino que la refuerzan”[13]. De ese modo, la idea del ciudadano titular individual de derechos cede paso a la noción de derechos de titularidad colectiva, como son el lenguaje, la cultura, la justicia, el territorio[14].

Sólo una ciudadanía con sentido intercultural garantiza el respeto a la diversidad étnica del país. Y la construcción de esa ciudadanía, que también es requisito para una nueva reconceptualización de la democracia, radical y participativa, que el Gobierno del Ecuador define precisamente como ‘ciudadana’, implica la puesta en marcha de mecanismos que permitan a la población ejercer sus derechos, y participar de modo activo y permanente en la adopción de decisiones públicas[15].

Los Planes del Buen Vivir, implementados como instrumentos al servicio de la ciudadanía con que desarrollar y poner en práctica los principios programáticos de la Constitución de 2008 y encauzar las líneas de acción que vayan dando forma y contenidos a la Revolución Ciudadana, apenas han empezado a caminar y, aunque sus propuestas encierran todavía contenidos apenas esbozados, marcan unas interesantes pautas que invitan simultáneamente a la reflexión y a la acción.

 

Respeto a las tradiciones culturales y a las memorias históricas

 

De acuerdo con lo preceptuado en el artículo 380, pár. 1 de la Constitución de la República del Ecuador, el Estado tiene la responsabilidad de “velar, mediante políticas permanentes, por la identificación, protección, defensa, conservación, restauración, difusión y acrecentamiento del patrimonio cultural tangible e intangible, de la riqueza histórica, artística, lingüística y arqueológica, de la memoria colectiva y del conjunto de valores y manifestaciones que configuran la identidad plurinacional, pluricultural y multiétnica del Ecuador”.

Ese respeto a las tradiciones culturales y a las memorias históricas constituye precisamente el cimiento sobre el que ha de operar el cambio civilizatorio en cuya realización se halla comprometido el Gobierno del Ecuador: la urgencia de su actuación, que reclama agilidad y eficacia de las instituciones y estrecha sintonía y colaboración con los actores sociales, no debe desconocer el hecho de que los cambios que se requieren son ‘históricos’[16], y no pueden realizarse sin remisión a los valores que integran el patrimonio cultural y fundamentan “la identidad plurinacional, pluricultural y multiétnica del Ecuador”.

El correspondiente debate civilizatorio en que está inmerso el continente americano, y en el que interviene el Ecuador con voz propia, implica un diálogo de identidades muy difícil –que no llega al extremo del choque de civilizaciones que describe Samuel Huntington-, pero que debe llevarse a cabo desde la solidez de las propias convicciones y con respeto a otros enfoques legítimos, discrepantes en todo o en parte de los que sostiene la Revolución Ciudadana[17].

El objetivo 8º del Plan Nacional del Buen Vivir (PNBV) 2009-2013, en continuidad con los principios asentados en el artículo 21 de la Constitución[18], definía la tradición y la memoria histórica como los caracteres identitarios que aseguran la continuidad de las sociedades en el tiempo. Con la asunción de las tradiciones y de las memorias históricas como sustento de la identidad de las sociedades, el PNBV acata lo estipulado en la fracción 13 del artículo 57 constitucional, que reconoce los derechos de las comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas a “mantener, recuperar, proteger, desarrollar y preservar su patrimonio cultural e histórico como parte indivisible del patrimonio del Ecuador”.

Por eso resulta cuestionable un pasaje del PNBV 2013-2017, que, al concretar las ‘Políticas y lineamientos estratégicos’ correspondientes al Objetivo 5°, precisa en el punto l): “promover la conmemoración de la resistencia y la Independencia como emblemas de identidad local y nacional, y erradicar progresivamente los monumentos y las conmemoraciones de la Conquista de las ciudades y localidades” [las cursivas son nuestras]. ¿Por qué propugnar la destrucción de testimonios del pasado, incluso en los casos en que el recuerdo de determinadas actuaciones cause dolor?, ¿dónde queda la multiplicidad de identidades en diálogo que postula el Estado plurinacional ecuatoriano?, ¿es éste el camino adecuado para reparar las desventajas históricas de grupos marginados?[19] Ocultar o arrinconar las memorias históricas no constituye, desde luego, el mejor camino para profundizar en la comprensión del presente por una sociedad, como la ecuatoriana, respetuosa con la pluralidad.

Por lo demás, ese pasaje del PNBV –un borrón que en nada hace desmerecer el acierto de este texto, de capital importancia para la concreción de los ideales de la Revolución Ciudadana- no se compagina con el compromiso del Estado, expresado en el mismo Objetivo 5°, en la promoción de “políticas que aseguren las condiciones para la expresión igualitaria de la diversidad”, ni con la apuesta por “la construcción de una identidad nacional en la diversidad, [que] requiere la constante circulación de los elementos simbólicos que nos representan: las memorias colectivas e individuales y el patrimonio cultural tangible e intangible” [las cursivas son nuestras]. Hablar de memorias colectivas implica, por fuerza, la asunción de todas ellas, sin que ninguna pueda ser objeto de discriminación.

 

La educación intercultural y los textos escolares

 

La mejora de los niveles educativos en el Ecuador constituye uno de los objetivos preferentes del actual Gobierno, como se desprende, entre otros indicadores posibles, del acceso universal a la educación básica y de la gratuidad de la educación pública universitaria establecida por la Constitución (artículo 356). Y los éxitos que puedan alcanzarse, aun cuantificables (planificación de los servicios, incremento del número de instituciones docentes, disminución del índice de analfabetismo, aumento de las tasas de escolarización…), deben contribuir a la satisfacción de necesidades profundas, a un apoyo más eficaz en los procesos de construcción del pensamiento de los niños y de las niñas, y no a la simple remoción de las barreras de acceso a la educación o a la mejoría en la impartición de enseñanzas o en la transmisión de conocimientos.

“El acceso universal a una educación de calidad –proclama el PNBV 2013-2017- es uno de los instrumentos más eficaces para la mejora sustentable en la calidad de vida de la población”[20]. La cuestión que se plantea es, precisamente, establecer las condiciones para que esa educación sea realmente de calidad. Y a nadie se esconde que el camino para lograrlo es largo y sembrado de obstáculos, sobre todo en el ámbito de la educación intercultural bilingüe, donde se requiere una mayor profesionalidad.

Ciertamente es halagüeña la cifra recogida en el PNBV 2013-2017, que informa de la capacitación de 4.406 docentes del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe en 2012[21]. Pero tal vez haya que evaluar con mucho cuidado y atención a los detalles la eficacia de esos cursos de actualización. Y aunque poco a poco va mejorando la calidad de los textos escolares bilingües de historia, lo publicado hasta ahora es manifiestamente mejorable. Si se atiende a la escasa solvencia de muchas de las fuentes citadas (Microsoft Encarta, por ejemplo), y a las faltas de ortografía y de sintaxis desperdigadas en algunos textos, tanto en español como en quichua, se concluirá con facilidad que esa pretendida contribución al reforzamiento de la autoestima indígena está muy lejos de prestar un eficaz servicio en la formación intelectual de los niños ecuatorianos de habla quichua.

La meta principal, casi inasequible, es revertir una situación generalizada en todo el mundo, consecuencia de la multiplicación de saberes especializados, y que se manifiesta en la fragmentación de los conocimientos, que sólo con dificultad y de modo excepcional se articulan en una visión global, compartida por todos. Ese empequeñecimiento del espíritu, coincidente paradójicamente con un alza en los estándares a través de los cuales son evaluados los procesos educativos, guarda una relación estrecha con la casi extinción de los enfoques humanistas y la consiguiente pérdida de conciencia de que todos –pobres y ricos, hombres y mujeres, sur y norte- compartimos un “destino común, marcado por idénticos problemas de vida y de muerte”[22]. Tales premisas sustentan la aspiración expresada en el PNBV 2013-2017: “promover en el sistema de educación formal […] la práctica permanente de valores”[23], como un medio para atajar un modo de entender la educación que la reduce a la simple instrucción.

Importa mucho, además, formar a la ciudadanía, para que cada uno de los miembros del Estado ecuatoriano adquiera conciencia de pertenencia a una nación, a un territorio, al mundo, a través del desciframiento de los relatos históricos que han podido pasar inadvertidos u ocultos, y del cultivo de los saberes ancestrales[24]. El camino para avanzar en esa dirección viene marcado por las directrices constitucionales, que visualizan la educación como un proceso integral y como área prioritaria de la política pública, que debe proporcionar la “garantía de la igualdad e inclusión social y condición indispensable para el Buen Vivir” (artículo 26). La educación es, pues, pieza vehicular clave para inducir a la reflexión acerca de esas líneas identitarias, ya que, como se asienta en el PNBV 2013-2017, la interculturalidad debe marcar el proceso educativo[25].

Sólo esa profundización en las identidades compartidas –el desvelado de las propias tradiciones culturales y el diálogo de saberes con las demás culturas del país y del mundo- posibilitará el surgir de actitudes críticas con que rebatir la falsa creencia, difundida desde grupos interesados en proclamar el fin de las ideologías, de que “debemos renunciar a la construcción de nuestra propia identidad individual y colectiva, de nuestra propia historia”, con el argumento falaz de que vivimos en el mejor de los mundos posibles y de que, por consiguiente, carece de sentido tratar de cambiar nada[26].

 

Museos, bibliotecas y archivos e idiosincrasia nacional

 

Junto al enunciado del Objetivo 5° del PNBV 2013-2017, y antes de su desarrollo, se explicita el compromiso del Estado en la promoción de “políticas que aseguren las condiciones para la expresión igualitaria de la diversidad”. Y unos párrafos más abajo se añade el pasaje que se ha citado parcialmente en el punto anterior: “la construcción de una identidad nacional en la diversidad requiere la constante circulación de los elementos simbólicos que nos representan: las memorias colectivas e individuales y el patrimonio cultural tangible e intangible. La protección y circulación de estos elementos se impulsa mediante políticas de fomento a la investigación, museos, bibliotecas, archivos, sitios y fondos especializados”.

En 5.1 del PNBV 2013-2017 (“Promover la democratización del disfrute del tiempo y del espacio público para la construcción de relaciones sociales solidarias entre diversos”), se propugna en el punto y): “potenciar la Red Nacional de Museos del Estado Central, como mecanismos articuladores de la política pública en los territorios, dinamización de prácticas museales, innovación tecnológica, aporte a la educación formal y no formal y fortalecimiento de destinos turísticos”. Sin embargo, se desatiende una perspectiva importante: que los museos del Ecuador favorezcan la formación y el robustecimiento de una idiosincrasia nacional, que tome en cuenta tanto el pasado indígena como el período de dominación española, sin mixtificaciones ni manipulaciones históricas, y ayuden a reforzar la aportación de las artes visuales en la elaboración de esos imaginarios colectivos, en un marco de interculturalidad concorde a los objetivos del PNBV.

Para el logro de esos objetivos sería recomendable la constitución de una plataforma que auspiciara una Red de Espacios de la Memoria, que incluya a museos, archivos y bibliotecas a través de la página web del Ministerio Coordinador de Conocimiento y Talento Humano.

Cuestión aparte es la insatisfactoria situación actual de los museos, bibliotecas y archivos del Ecuador, tanto por insuficiencia de recursos económicos y técnicos como por la inadecuada capacitación del personal empleado, que, sobre todo en los puestos directivos, no siempre ha sido seleccionado en función de su capacidad profesional.

La gestión de estas instituciones requiere de políticas a largo plazo que promuevan la profesionalización del personal que labora en esas instituciones y garanticen las condiciones de viabilidad de su funcionamiento.

 

Indígenas, montubios y afroecuatorianos

 

El PNBV 2013-2017 emplaza específicamente a indígenas, montubios y afroecuatorianos en la tarea de construcción del Socialismo del Buen Vivir[27]. La revalorización del papel que corresponde a estos pueblos como componentes imprescindibles del conjunto nacional constituye un importante paso adelante. Y los trabajos desarrollados desde el Consejo Nacional de Nacionalidades y Pueblos (CODENPE), el Consejo de Desarrollo del Pueblo Montubio de la Costa Ecuatoriana y Zonas Subtropicales de la Región Litoral (CODEPMOC) y la Corporación de Desarrollo Afroecuatoriano (CODAE) arrojan un balance satisfactorio.

Por disposición constitucional y por la Ley Orgánica de los Consejos Nacionales para la Igualdad, aprobada el 7 de julio de 2014, tanto CODENPE como CODEPMOC y CODAE se hallan en transición hasta que se conforme el Consejo Nacional para la Igualdad de Pueblos y Nacionalidades, del que serán parte. En esa nueva etapa, cuyos primeros pasos se acometerán en enero de 2015, sería deseable un avance en los siguientes terrenos: profundización en la memoria histórica de indígenas, montubios y afroecuatorianos; difusión del conocimiento de sus modos de vida y de sus especificidades culturales, e implementación de estrategias orientadas al desarrollo humano integral, sustentable y sostenible de esos pueblos, basadas en los postulados del PNBV.

 

Ecuatorianos en el exterior

 

El Objetivo 5º del PNBV 2013-2017 busca “construir espacios de encuentro común”. Y aunque el PNBV se ocupa en varios pasajes de los ecuatorianos en el exterior, omite una atención específica del modo en que se articulará la convergencia de estos ciudadanos a través de aquellos espacios compartidos, de modo que también entre ellos se fortalezca la identidad nacional, desde la perspectiva del Estado plurinacional que define nuestra Constitución.

Sería recomendable que un grupo selecto de intelectuales ecuatorianos, del mundo de las letras, realizase una gira por diversas ciudades españolas y estadounidenses donde la presencia de connacionales sea especialmente significativa, para que disertaran sobre cuestiones relacionadas con aspectos culturales del país e intervinieran en tertulias y mesas redondas. No sería difícil que las Embajadas del Ecuador en España y en Estados Unidos, en estrecho contacto con sus Consulados, asumieran los aspectos organizativos de esos encuentros, con lo que se lograría que esos organismos de representación diplomática desempeñaran un interesante rol complementario en el acercamiento emocional y afectivo del Estado ecuatoriano hacia los ciudadanos que, por razones económicas en su inmensa mayoría, han debido alejarse de la patria, pese a lo cual se muestran orgullosos de sus raíces y proyectan una imagen prestigiosa de nuestro país, a través del ejercicio cotidiano de sus responsabilidades laborales y sociales.

[1]         Ayala Mora, Enrique, Interculturalidad: camino para el Ecuador, Quito, Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras (FENOCIN), 2011, p. 63.

[2]         Le Quang, Matthieu, y Vercoutère, Tamia, Ecosocialismo y Buen Vivir. Diálogo entre dos alternativas al capitalismo, Quito, Instituto de Altos Estudios Nacionales, 2013, p. 26.

[3]         Cfr. Le Quang, Matthieu, y Vercoutère, Tamia, Ecosocialismo y Buen Vivir, pp. 18 y 24.

[4]         República del Ecuador, Plan Nacional de Desarrollo, Plan Nacional para el Buen Vivir 2009-2013, p. 10.

[5]         Cit. en Añón Roig, María José, “La interculturalidad posible: ciudadanía diferenciada y derechos”, en Lucas Martín, Francisco Javier de (director), La multiculturalidad, Madrid, Consejo General del Poder Judicial, 2001, pp. 217-270 (pp. 245-246).

[6]         Radcliffe, Sarah, y Westwood, Sallie, Rehaciendo la Nación. Lugar, identidad y política en América Latina, Quito, Ediciones Abya-Yala, 1999, p. 52: https://repository.unm.edu/bitstream/handle/1928/12683/Rehaciendo%20la%20naci%C3%B3n.pdf?sequence=1.

[7]         Es importante insistir en que la valoración de los saberes de los pueblos indígenas, aun atenta y respetuosa con su dimensión ancestral, que ha logrado preservarlos a lo largo del tiempo, no puede excluir su contemporaneidad; porque ignorarla “es negar la realidad de una reinvención constante de la tradición y del carácter cambiante de la identidad”: Le Quang, Matthieu, y Vercoutère, Tamia, Ecosocialismo y Buen Vivir, p. 14.

[8]         Cfr. Moreno Yáñez, Segundo E., “La etnohistoria y el protagonismo de los pueblos colonizados: contribución en el Ecuador”, Procesos: Revista Ecuatoriana de Historia (Quito), núm. 5, 1994, pp. 53-73 (pp. 64-65): http://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/1186/1/RP-05-ES-Moreno.pdf; Hill, Jonathan, y Staats, Susan, “Redelineando el curso de la historia: Estados euro-americanos y las culturas sin pueblos”, en Boccara, Guillaume (editor), Colonización, resistencia y mestizaje en las Américas (siglos XVI al XX), Quito, Ediciones Abya-Yala e Instituto Francés de Estudios Andinos, 2002, pp. 13-26 (pp. 14-15): http://www.ignaciodarnaude.com/textos_diversos/Colonizacion,resistencia%20y%20mestizaje%20en%20las%20Americas%28s.XVI-XX%29,G.Boccara.pdf, y Fernández Pichel, Samuel, “Mitos e imaginarios colectivos”, FRAME, Revista de Cine de la Biblioteca de la Facultad de Comunicación (Universidad de Sevilla), núm. 6, febrero de 2010, pp. 265-284 (p. 268): http://fama2.us.es/fco/frame/frame6/estudios/1.13.pdf.

[9]         Le Quang, Matthieu, y Vercoutère, Tamia, Ecosocialismo y Buen Vivir, p. 23.

[10]        Ospina, William, ¿Dónde está la franja amarilla?, Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1997, p. 87.

[11]        Le Quang, Matthieu, y Vercoutère, Tamia, Ecosocialismo y Buen Vivir, p. 13.

[12]        La renovación del Consejo Directivo del Fondo Indígena, en 2008, permitió por fin la incorporación de un delegado del Ecuador, en la persona de Lourdes Licenia Tibán, Secretaria Ejecutiva del Consejo de Desarrollo de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador (CODENPE).

[13]        Sousa Ramos, Boaventura de, “La hora de los invisibles”, en León, Irene (coordinadora), Sumak Kawsay / Buen Vivir y cambios civilizatorios, Quito, Fedaeps, 2010, pp. 13-25 (p. 22). Vid. también Sousa Ramos, Boaventura de, “La difícil construcción de la plurinacionalidad”, en Los nuevos retos de América Latina. Socialismo y sumak kawsay, Quito, SENPLADES, 2010, pp. 149-154 (p. 151).

[14]        Cfr. Ramírez Gallegos, René, “Socialismo del sumak kawsay o biosocialismo republicano”, en Los nuevos retos de América Latina, pp. 55-76 (p. 68).

[15]        Cfr. Patiño, Ricardo, “Diferencias entre el socialismo del siglo XX y el socialismo del siglo XXI. La democracia participativa y el nuevo sujeto revolucionario”, en Los nuevos retos de América Latina, pp. 133-140 (pp. 133-134 y 138).

[16]        Cfr. Sousa Ramos, Boaventura de, “La hora de los invisibles”, p. 13, y Quijano, Aníbal, “América Latina: hacia un nuevo sentido histórico”, en León, Irene (coordinadora), Sumak Kawsay / Buen Vivir y cambios civilizatorios, pp. 55-71 (pp. 60-64).

[17]        Cfr. Sousa Ramos, Boaventura de, “La difícil construcción de la plurinacionalidad”, p. 150.

[18]        “Las personas tienen derecho a construir y mantener su propia identidad cultural, a decidir sobre su pertenencia a una o varias comunidades culturales y a expresar dichas elecciones; a la libertad estética; a conocer la memoria histórica de sus culturas y a acceder a su patrimonio cultural; a difundir sus propias expresiones culturales y tener acceso a expresiones culturales diversas. No se podrá invocar la cultura cuando se atente contra los derechos reconocidos en la Constitución”.

[19]        Cfr. Ramírez Gallegos, René, “Socialismo del sumak kawsay o biosocialismo republicano”, p. 68.

[20]        República del Ecuador, Plan Nacional de Desarrollo, Plan Nacional para el Buen Vivir 2013-2017, p. 64.

[21]        Cfr. República del Ecuador, Plan Nacional de Desarrollo, Plan Nacional para el Buen Vivir 2013-2017, p. 162.

[22]        Ramírez, René, “La transición ecuatoriana hacia el Buen Vivir”, en León, Irene (coordinadora), Sumak Kawsay / Buen Vivir y cambios civilizatorios, pp. 125-141 (p. 131).

[23]        República del Ecuador, Plan Nacional de Desarrollo, Plan Nacional para el Buen Vivir 2013-2017, p. 104.

[24]        Cfr. Ramírez, René, “La transición ecuatoriana hacia el Buen Vivir”, p. 131.

[25]        Cfr. República del Ecuador, Plan Nacional de Desarrollo, Plan Nacional para el Buen Vivir 2013-2017, p. 189.

[26]        Cfr. Ramírez, René, “La transición ecuatoriana hacia el Buen Vivir”, p. 132.

[27]        Cfr. República del Ecuador, Plan Nacional de Desarrollo, Plan Nacional para el Buen Vivir 2013-2017, p. 24.

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