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Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales

Manuel Ferrer. A Emilio Botín

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botín

El mundo de la banca trasciende fronteras y es internacional por antonomasia. Por eso la muerte de un banquero de uno de los grandes bancos europeos encuentra acogida en esta Red, sensible a todo lo que afecta a las nacionalidades: porque se relaciona con ellas o porque deliberadamente salta sobre ellas e intenta presentarlas como una ficción, una reliquia decimonónica.

A raíz del suicidio de Amaia Egaña, en Baracaldo, cuando iba a procederse al desahucio de su vivienda, consideré pertinente reproducir fragmentos de una carta que dirigí a Emilio Botín, Presidente del Banco Santander Central Hispano, el 24 de enero de 2011. El motivo inmediato de la carta fue el abusivo monto de una cantidad desaforada por la cancelación de una cuenta bancaria.

Han pasado casi dos años, y Botín ha fallecido hace unos días.

Me parece miserable hacer leña del árbol caído, porque toda persona merece respeto y porque el odio no conduce a nada.

Muerto Botín, nada cambiará: porque la causa del actual estado de cosas es estructural. Las personas sólo son máscaras que bailan y se mueven incapaces de decir basta.

Y esto es lo verdaderamente doloroso.

Con toda sinceridad te deseo, Emilio Botín, que descanses en paz.

Éste es el texto de la carta en cuestión:

Distinguido señor:

No quiero distraer mucho tiempo su atención, porque entiendo que no anda sobrado de este tesoro del que disfrutan muchos españoles gracias a la crisis, la incompetencia del Gobierno y la racanería del crédito bancario.

[…]

¿Se da usted cuenta, señor Botín, de que esa cantidad [40,34 euros] viene a representar el 10% de los ingresos mensuales de no pocas familias españolas? Muchas personas necesitan invertir cuatro horas de esfuerzo y trabajo para ganar esa cantidad, ¡y el Banco de Santander cobra impunemente 40,34 euros por cancelar una cuenta!

Es posible que no le lleguen muchos escritos como éste: porque quedan pocas personas con arrestos y porque supongo que ya se cuidará su entorno de filtrar todo aquello que pueda escandalizar sus castos oídos. Pero sería muy conveniente que conociera la indignación que muchos ciudadanos experimentamos por los manejos de un banco que “no cobra comisiones”.

Como historiador y como estudioso de los fenómenos sociales quiero abrirle los ojos. La ira contenida, la desesperación y la impotencia de muchos ciudadanos empiezan a rebosar. No falta mucho para que la violencia se desborde, y no cabe duda de que las instituciones bancarias constituirán uno de los blancos elegidos por esas gentes enloquecidas que nada tienen que perder. Sucesos como la reciente resolución judicial de la causa promovida contra un consejero delegado del Banco Santander no hacen sino echar leña al fuego.

Les ofrezco gratis un consejo: rectifiquen y piensen que hay mucho más que el dinero. Recuperen la vocación de servicio que tal vez tuvieron un lejano día. Dejen de especular con quienes incautamente les confían su dinero. Impidan que el fuego de la cólera de muchos incendie el monte: aunque sólo sea por la mezquina razón de que casi todo lo que pueda arder de ese monte les pertenece.

Un saludo cordial, gratuito y sin comisiones.

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