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Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales

Manuel Ferrer. Colombia, Colombia

4 comentarios

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Los colombianos en el exterior, que suelen amar a su país con más pasión que los que viven dentro de las fronteras nacionales, reciben una atención casi siempre esmerada de los Consulados de Colombia asentados en las ciudades donde más numerosa es la presencia de población emigrada.

Quien afirma esto sabe lo que dice: casado con colombiana, acumula innumerables motivos de agradecimiento hacia las personas que atienden el Consulado de Colombia en Las Palmas (España).

Por eso, lo padecido el pasado miércoles, 3 de septiembre, cuando acudí a la sede del Consulado de Colombia en Quito para autorizar el viaje de uno de mis hijos, de dos años, en la sola compañía de su madre, me resulta inconcebible y debería dar pie a un escarmiento ejemplar.

Mi esposa y yo, que acudíamos con el bebé, tuvimos la desgracia de que nos atendiera “María José”, que, por lo que sigue a continuación no debe ser propuesta para una recomendación ni presentada como modelo de atención al usuario.

Apenas insinué la razón de nuestra comparecencia, sin escuchar más, me remitió a la lista de documentos enumerada en un listado que figuraba en una hoja pegada a la pared (el mismo que aparece en la fotografía que preside este texto).

Advertí a María José que el requisito de la cédula de ciudadanía no aplicaba en este caso, pues yo era quien autorizaba, y, en cuanto español, me identifico con el pasaporte. Pero María José no se dignó atenderme, y nos obligó a regresar a nuestro domicilio a buscar la cédula de ciudadanía de la madre: error monumental que puse luego en conocimiento del cónsul, que no pudo por menos de darme la razón.

Lo grandioso del caso es la actitud observada a continuación por nuestro entrañable personaje, molesta por el hecho de que yo hubiera reclamado contra su arbitrariedad: hasta el punto de ignorarme y de burlarse en mi cara.

Como ya voy siendo mayorcito, y no tolero que María José ni nadie me falte al respeto (y menos aún en la sede de una institución consular), traslado esta queja al Ministerio de Relaciones Exteriores y al Consulado de Colombia en Quito, de paso que la publicito en las redes sociales: la señorita María José debe ser sancionada con la contundencia que amerita el caso.

De no aplicarse ningún correctivo, se estaría dando pie al imperio de la arbitrariedad y de la desvergüenza.

El prestigio de Colombia no puede quedar en entredicho por la inmadurez y la carencia de educación de una persona que se hace indigna de ocupar un puesto de atención al público en un recinto consular.

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4 pensamientos en “Manuel Ferrer. Colombia, Colombia

  1. Que lástima, ocurre que cuando los ciudadanos necesitamos estos engorrosos trámites en distintas áreas públicas, lo único que queremos es la buena atención, respeto y consideración de los empleados hacia el usuario. Manuel tiene toda la razón y todos debemos denunciar a estas personas inadecuadas que entorpecen los trámites y hacen quedar mal a las instituciones.

  2. He sido testigo de la experiencia narrada y como colombiana siento vergüenza de encontrar compatriotas ocupando cargos en los que no se pueden permitir carecer de profesionalismo, sensibilidad y trato respetuoso. La señora María José pecó por no escuchar, por imponernos una condición que luego el mismo cónsul confirmó que en nuestro caso no era exigible y que nos implicó regresar a nuestro domicilio a buscar un documento que no tenía la seguridad de disponer, todo esto con el cansancio que comenzaba a manifestar nuestro bebé con tanto ir y venir, que no terminaba ahí, pues teníamos también que ir a realizar la consignación en el banco de la cifra que el consulado tiene dispuesta para este tipo de gestión y que considero desproporcionada. Además de lo anterior y lo que más me causó asombro fue la reacción de la señora María José, cuando al llegar por fin con lo requerido dijo que solo se dirigiría a mí y eso porque tenía el bebé en brazos, que con mi esposo no quería cruzar palabra (pues al parecer no le gustó que él insistiese en que el requisito de la cédula era una arbitrariedad -que de hecho el cónsul confirmó- siendo él extranjero y quien iba a dar la autorización, a lo cual ella respondió repitiendo la palabra cédula y siendo indiferente ante nuestro caso). Luego solicitó fotocopia de los pasaportes (exigencia que no está señalada en el texto que indica la autorización de salida de menores) y con una sonrisa burlesca dijo que del pasaporte mío y el de nuestro hijo ella haría el favor de sacar la fotocopia en el mismo consulado, pero que el de mi esposo no, que fuera él mismo a buscar donde le sacaran esa fotocopia y que si él no la traía yo me perjudicaba porque me iba tocar esperar más y que estando con el bebé eso no me convenía. En ese momento yo enmudecí ante tal irrespeto y abuso, después de un rato le dije a la señora que mi esposo en ningún momento la había tratado con irrespeto, que su insistencia ante algo que no debía exigírsenos era legítima y que ella estaba abusando de su poder, la funcionaria ignoró mi comentario y en ningún momento corrigió su postura, ni ofreció disculpas, lo que sí sostuvo fue su sonrisa burlesca ante el estado de enojo que a mi esposo le produjo la suma de errores de una empleada que es la primera cara del consulado y que por su incompetencia e irrespeto todo el consulado estuviese quedando tan mal. Estos hechos son los que han motivado la difusión pública del caso, no creo que seamos los únicos que hayamos vivido malas experiencias en este consulado de Colombia, pero sí estoy convencida que somos de los pocos que lo han denunciado, pues en nuestra cultura preferimos tragarnos los usos y abusos que enfrentamos y más si son de servidores públicos, pues estamos convencidos de que quejarse no sirve para nada.

  3. Hola Manuel, saludos.
    A veces somos nosotros los colombianos objeto de maltrato del consulado español en Bogotá.
    Los funcionarios son así.
    Yo siempre invito a dejar por escrito esos despropósitos como lo estás haciendo tu.

  4. Realmente este tipo de sucesos se dan en la gran mayoría de las instituciones públicas. Menos mal que ustedes saben desenvolverse y presentar las quejas donde es; pero algunas ciudadanas y ciudadanos desconocen sus derechos y por eso la gran mayoría de funcionarios públicos, hacen lo que quieren y máxime si son personas que llegan a los puestos por recomendaciones políticas y no por concurso de méritos.

    Manuel, lo felicito por haber interpuesto la queja por este atropello del que fueron víctimas y ojala el consulado colombiano en Ecuador decida mejorar sus relaciones inteprersonales con las personas que acuden a soliciitar un servicio.

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