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Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales

Jorge Pulido. En el centenario de Nicolás Estévanez

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Calandracas

A poco más de un mes de que se cumpla el centenario del fallecimiento de Nicolás Estévanez, me parece adecuado ir publicando algunos de sus textos como una aportación más a los homenajes que se le están tributando en todo el país.

Para seguir los actos más importantes en torno a esta conmemoración, puede contactarse con la Asociación Desde la sobra del almendro.

El texto que se reproduce a continuación se denomina “Los ex” y fue publicado en el libro Calandracas.

La imagen que se muestra corresponde al ejemplar original de ese libro que forma parte del archivo bibliográfico depositado en la Casona Secundino Delgado (Arafo).

 

LOS EX

Hay personas que no se contentan con sus apellidos y tienen el mal gusto de añadirles un apéndice.

En muchas ocasiones, lo que agregan es una extravagancia.

Todos los días vemos tarjetas que no pueden ser más divertidas.

Esto se ve en todas partes, pero en Francia se llega hasta el abuso.

Pudiéramos decir, parodiando á Buffón: la tarjeta es el hombre.

Hay hombres lúgubres, por ejemplo, el que escribía en sus tarjetas:

FULANO DE TAL.

Propietario de nueve sepulturas.

También los hay mendicantes, al  parecer, como uno que se pone:

MENGANO DE CUAL,

Lisiado

Y no faltan vanidosos, como los que escriben:

ZUTANO,

Six fois decoré;

PERENGANO

Amigo del Cónsul del Perú.

Etc., etc., etc.

Está en su perfecto derecho un diputado, un coronel ó un sastre, si escribe en su tarjeta “diputado”, “coronel” ó “sastre”. Pero no me explico ese afán que tienen tantas personas de pregonar lo que han sido. ¿Qué le importa á nadie lo que fué cada uno, cuando ha dejado de serlo?

Por eso me hace reír la tarjeta de un fotógrafo que añade a su apellido: exalcalde, y la de un fondista que agrega: exdirector de… (aquí el nombre de un diario que ya no existe y del cual se publicaron tres números.).

Si dura este sistema, llegaremos a tener tarjetas que digan:

JUAN FERNÁNDEZ,

Exhombre bueno

JOSÉ GARCÍA,

Extercero en discordia;

PEDRO SÁNCHEZ,

Expárvulo.

Confieso no haber visto jamás en las tarjetas que nadie se titule “éxpropietario”, ni “exbanquero”, ni “expresbítero”, aunque tales títulos pudieran muchos usarlos, ya que abundan los  propietarios arruinados, los banqueros quebrados y los presbíteros que han colgado los manteos.

Pero sí he leído en la tarjeta de un solemne charlatán;

FULANITO,

ExMayor General de los Ejércitos coligados de las cinco Repúblicas de Centro-América.

Ni el personaje en cuestión ha sido general ni ha estado en América en los días de su vida.

Pero es indudable que conoce esta sociedad charlatanesca y vana, y ha querido competir con el portugués del cuento:

MIGUEL ANTONIO SILVA FERBEIRA

COUTO CARDOSO DE ANDRADE,

expasajero de 1ª clase en la fragata “Venus”.

Estos visibles señores que tanto abusan del ex y que llenan sus tarjetas de títulos ciertos ó soñados, me recuerdan, no sé por qué, los títulos dobles que tanto se usaron en un tiempo, sobre todo para los melodramas:

A la luz de la luna o la venganza de un toro;

Las campanas estridentes ó las ninfas de Benicarló.

O como decía Larra, de inolvidable memoria:

El peñón de Gibraltar ó el buey suelto bien se lame.

Quizá algunos señores tengan empeño en agregarse títulos, para que sus apellidos no llamen la atención. Porque hay apellidos verdaderamente desdichados. Y no tanto los que son absurdos, malsonantes, chocarreros, como los que prometen demasiado.

Por mucho que se distinga en la ciencia un ser llamado Profundo, siempre ha de parecer muy poco lo que haga. Imagínese el papel que hará si en lugar de profundo resulta superficial y con buena voz de tiple.

Hemos conocido á un sacerdote que se apellidaba Clarinete; á un señor Verdugo que era una malva; á un tal Santo que era un pillo; á un lobo que era un cordero, á un Cordero mariscal de campo; á un Grande muy pequeño; á un tal Rana que llegó á sargento de caballería.

Tampoco estarán contentos los que se apelliden Mulo, Tembleque, Sardina, Pez ó Morral.

¿Y qué piensa el lector de los apellidos vascongados?

Ahí va uno de muestra:

Inurrigarrobecuaturziaburnacúa.

—–

Hemos hablado de los apellidos; pero los nombres de pila, que dicen los cristianos, también reclaman unas cuantas líneas. En efecto, hay quien se llama Vitrució. Hay quien se llama Quirico.

Existen, aunque no abundan, los que se llaman Habido, Óptimo, Isquirión, Censurio, Exuperancio, Bárbaro, etc.

La combinación de nombres y apellidos resulta á veces por extremo desgraciada. Figúrese el lector a un Bárbaro Tierno, a un Demófilo Tirano, á un Juan Lanas, á una Teda Rota.

Con tales nombres, se comprende que los interesados procuren hacerlos desaparecer ahogándolos entre títulos, condecoraciones y muchos ex, aunque sean imaginarios.

Texto en fuente original

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