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Red de Investigadores sobre Identidades Nacionales

Martha Santillán. Microensayo: “Dimensiones de la crisis civilizatoria”

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crisis civilizatoria

“Solo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero”.

Sabiduría indoamericana

 

El predominio del sistema capitalista ha tergiversado los principios de relacionamiento y convivencia armónica entre el ser humano y la naturaleza, y ha convertido al hombre en un ser utilitarista e insensible ante los embates del deterioro ambiental que afectan su propio hábitat.

Así, con tan solo 200 mil años, el ser humano “ha desbaratado” el equilibrio medio ambiental de más de 4 mil millones de años que tiene el planeta. (Arthus-Bertrand, 2010). Este acto de explotación indiscriminada es parte de la “crisis civilizatoria” que atraviesa la humanidad, que Bonasso denomina “ecocidio”[1].

El video documental Home registra datos desoladores como consecuencia de la explotación desmesurada de los recursos naturales que ha alterado el equilibrio climático de la tierra. Señala que todo en el ecosistema está vinculado y que cada acto irracional o desmedido que el ser humano realice, independientemente del lugar donde lo haga, repercutirá en el deterioro ambiental, afectando sus bondades y las consecuencias negativas serán compartidas por todos.

Las estadísticas dan cuenta de una redistribución inequitativa de los recursos: mientras una de cada cuatro personas viven sin energía, ciudades como Los Ángeles brillan en las noches por el desperdicio de energía; entretanto que mil millones de personas padecen hambre, miles de hectáreas de soja y maíz son utilizadas para la elaboración de biocombustibles y para alimentar animales; mientras cinco mil personas mueren diariamente por tomar agua contaminada y mil millones de personas no tienen acceso a agua potable, los países “desarrollados”, utilizan el agua para masificar la agricultura, el ganado y la construcción; y, mientras los pobres escarban basura en busca de alimentos, las grandes empresas mineras cavan el suelo en busca de minerales.

A esta realidad se suma el deterioro ambiental y la consecuente escasez de los recursos naturales: el 70% de la población mundial vive en las zonas costeras y se dedica a la actividad pesquera; una de cada cinco personas del planeta consume productos marítimos; y, sin embargo, las ¾ partes de los recursos pesqueros están en declive y las riquezas marítimas, especialmente el pescado están al borde de agotarse. (Arthus-Bertrand, 2010)

De igual forma, la agricultura es el primer oficio del mundo y más de las ¾ partes de la población mundial depende de ella; y, sin embargo, el 40% de las tierras cultivables están degradadas (Arthus-Bertrand, 2010). Paradójicamente, la agricultura es también el área menos atendida en algunos Estados, al punto que pequeños agricultores que cultivan y cosechan manualmente compiten con grandes empresas subsidiadas por el Estado. Esto se debe a que la lógica económica y de mercado tiene una estrecha relación con el sistema alimentario. (Patel, 2008).

Por otra parte, la tala indiscriminada de árboles ha ocasionado que trece millones de hectáreas de bosques se hayan perdido desde 1960. A la deforestación se suma la extinción de animales: la cuarta parte de animales estarán amenazados de extinción antes del 2050. En cuanto a los recursos hídricos, uno de cada diez ríos ya no alcanza el mar durante varios meses al año; y, si esta realidad continúa, la escasez de agua podría afectar a cerca de dos mil millones de personas antes del 2025.

Pero las grandes potencias minimizan los informes y los efectos del calentamiento global, como indica Altvater: “El jefe del Consejo Ecológico de la Casa Blanca, por ejemplo, Philip A. Cooney, falsificó los resultados de un análisis de climatólogos sobre el calentamiento global, el deshielo de los glaciares y la subida del nivel del mar. Se minimizó la relación entre el consumo de energía, los gases de efecto invernadero y el calentamiento global”. (Altvater, 2012)

Esta forma de ceguera mental o de accionar irresponsable responde a que este mundo globalizado ha establecido un nuevo orden energético internacional, donde un país que ocupa jerarquía mundial se mide por la vastedad de sus reservas de petróleo y de gas, o por su capacidad de aprovechar otras fuentes de riqueza para comprar los recursos de los países que tienen abundancia de ellos. (Klare, 2008)

Desde 1950 a la actualidad, la población se ha triplicado. Lo curioso es que la mitad de pobres viven en países ricos en recursos: En Nigeria, por ejemplo, país exportador de petróleo, vive el 70% de pobres, porque los habitantes no tienen acceso a los réditos económicos que se generan de la venta de este recurso.

El Congo es otro de los países con grandes riquezas minerales que son aprovechadas por las grandes potencias como China y Estados Unidos. “El 80% de las reservas mundiales de coltán se encuentra en la República Democrática del Congo… fuente esencial en las nuevas tecnologías… entra en la producción de plasma, teléfonos, móviles, GPS, misiles, cohetes espaciales, cámaras fotográficas, cuyas principales beneficiarias son las grandes empresas electrónicas e informáticas (Appel, Nokia, Siemens, Samsung)” (Naba, 2013)

Los “países desarrollados” no solo se apropian de los recursos naturales sino también de los productos alimenticios. Son ellos los que producen y comercializan trigo, maíz y arroz, alimentos con mayor valor nutritivo. (Murphy, B. 2012) Son ellos también los que en los últimos años han acaparado grandes extensiones de tierras a escala global” (Ruiz, M. 2013), la llamada tendencia “land grabbing”. El 58% de estas adquisiciones son para cultivar productos orientados a la fabricación de agrocombustibles.

Ante la crisis civilizatoria es necesario tomar en cuenta iniciativas como el “ecosocialismo”, corriente política que plantea la cooperación de los seres humanos en ámbitos multidimensionales (económicos, políticos y culturales), a la vez que se posibilite la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales y no pongan en riesgo la supervivencia del ser humano, ni la reproducción de los ecosistemas. De esta manera se hará posible la transición del estado de desequilibrios hacia una distribución equitativa de las fuentes de riqueza. (Ruiz, M. 2013) Se transitará del dominio de la naturaleza bajo el orden capital, al dominio consciente de la relación entre naturaleza y la humanidad. (Benjamín, W. 1987)

Home es un documental que convoca a la reflexión, pues al tiempo que presenta la realidad medio ambiental actual, informa de algunas medidas adoptadas por los Estados que buscan frenar el deterioro ambiental: en Alemania, por ejemplo, se han implementado los ecobarrios, lugares que producen su propia energía; en Islandia manejan la geotermia y en Dinamarca la energía eólica. En otros países como Corea del Sur promueven campañas de reforestación y reciclaje. Sería preciso y oportuno que estas buenas prácticas sean replicadas a fin de promover a escala nacional, regional y global, una conciencia ecológica activa y propositiva.

Es preciso también que los gobiernos latinoamericanos de corte socialista y progresista apliquen políticas medio ambientales que posibiliten el restablecimiento de una relación armoniosa entre el ser humano y la naturaleza para contrarrestar la crisis civilizatoria. De lo contrario, más pronto que tarde, el precio de nuestros actos será elevado.

 

Bibliografía

Altvater, E. (2012). El shock externo el fin de la era del peróleo. en El Fin del capitalismo tal y como lo conocemos. Barcelona: El Viejo Topo.

Arthus-Bertrand, Y. (Director). (2010). Home [Motion Picture].

Benjamín, W. (1987). Dirección Única. Buenos Aires: Alfaguara.

Bonasso, M. (2012). La Nación. Retrieved from http://www.lanacion.com.ar/1425478-miguel-bonasso-cristina-autorizo-el-trafico-de-influencias-en-la-mineria

Klare, M. (2008). Planeta sediento, recursos menguantes: La Nueva geopolítica de la energía. Barcelona: Urano.

Murphy, B. (2012). El lado de oscuro del comercio mundial de cereales. Clapp.

Naba, R. (2013). La liebre estadounidense y la tortuga China.

Patel, R. (2008). Obesos y famélicos: Globalización, hambre y negocios en el nuevo sistema alimentario mundial.

Ruiz, M. A. (2013). La devastación socioambiental del capitalismo en la era del Antropoceno. México.

 

[1] Concepto acuñado por el periodista argentino Miguel Bonasso para denunciar el acuerdo entre el gobierno argentino y la Empresa Canadiense Barrick Gold, lo que daría paso, según el periodista, a grandes ganancias a la transnacional y contaminación en la cordillera.

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